Apego, heridas emocionales y sobreprotección
Claves para una crianza consciente
El apego es el vínculo emocional entre los hijos y sus cuidadores principales, que asegura protección, cuidado y desarrollo psicológico. Este vínculo influye en la autoestima, la personalidad y la forma de relacionarse con uno mismo y con los demás. La investigación de M. Ainsworth, a través de la “situación extraña”, identificó distintos tipos de apego y su impacto en las relaciones familiares.
Nuestra forma de relacionarnos con los adolescentes está marcada por nuestro estilo de apego y experiencias tempranas, enseñándonos qué conductas repetir o evitar, y a veces llevándonos a reproducir comportamientos de nuestros padres.
Como adultos, también enfrentamos estrés, ansiedad y heridas pasadas, que afectan nuestra paciencia y acompañamiento. Reflexionar sobre nuestro apego y nuestra historia personal nos ayuda a vincularnos con los hijos de manera más consciente, empática y equilibrada.
Tipos de apego y consecuencias:
- Apego seguro: Los niños exploran con confianza, se calman al reencontrarse con sus cuidadores y reciben respuestas sensibles y afectuosas. Como adultos, suelen tener buena autoestima, regulan bien sus emociones, mantienen relaciones sanas y buscan apoyo social.
- Apego ansioso: Los niños muestran ansiedad intensa al separarse y dependencia hacia los cuidadores, que son inconsistentes o sobreprotectores. En la adultez, pueden ser inseguros, temer el abandono, idealizar relaciones y preocuparse excesivamente por la aceptación de los demás.
- Apego evitativo: Los niños muestran poca ansiedad y escaso interés por sus cuidadores, aprendiendo a desconectarse emocionalmente ante la falta de respuesta. Como adultos, tienen dificultades para confiar, vincularse, expresar emociones o afecto, y suelen depender de sí mismos.
- Apego desorganizado: Los niños presentan conductas confusas y ambivalentes frente a los cuidadores, que son insensibles o abusivos. En la adultez, esto genera inseguridad, baja autoestima, dificultad para gestionar emociones y problemas para formar vínculos afectivos estables.
Si el estilo de apego como padre o madre no ha sido seguro, es posible que existan heridas emocionales de la infancia. Estas heridas generan estrategias de protección o “máscaras” que se mantienen en la adultez e influyen en la forma de relacionarse.
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