Relaciones tóxicas en el trabajo
Pasamos buena parte de nuestra vida en el trabajo. No solo es una fuente de ingresos, también puede ser un lugar donde crecemos, aprendemos, nos relacionamos y nos sentimos útiles. El trabajo puede dar sentido, identidad, e incluso convertirse en un espacio donde construimos vínculos importantes.
Por eso, cuando en ese entorno surgen relaciones dañinas, el impacto no se queda en la oficina: nos lo llevamos a casa, al cuerpo, a la autoestima. Y aunque a veces intentamos normalizarlo —"es lo que hay", "mi jefe es así", "mientras me paguen..."—, la realidad es que vivir atrapados en dinámicas tóxicas puede deteriorar seriamente nuestra salud mental.
¿Estoy en una relación tóxica en el trabajo?
Una relación tóxica en el ámbito laboral no siempre es evidente. No tiene por qué haber gritos o insultos directos. A veces se manifiesta en pequeñas dinámicas diarias que te van desgastando poco a poco.
Algunas señales comunes:
- Sientes que caminas con pies de plomo al hablar con esa persona.
- Te hacen sentir inferior, invisible o constantemente cuestionado.
- Se generan rumores, comentarios sarcásticos o pasivo-agresivos.
- Hay manipulación emocional: te hacen sentir culpable por no quedarte más horas, por ejemplo.
- Te aíslan o te excluyen de decisiones importantes o reuniones.
- Te bombardean con críticas, pero nunca reconocen tus logros.
Este tipo de relaciones no solo pueden darse con jefes, también con compañeros o incluso con subordinados. Lo importante es observar cómo te sientes tú en presencia de esa persona.
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